Vayan y Hagan Discípulos - El Contexto de las Metas

80. Estas metas están dirigidas a todos los católicos en nuestra nación; a cada diócesis y a cada parroquia, a cada persona católica y a cada familia, a los que han recibido las órdenes sacerdotales, a las mujeres y hombres religiosos y a los laicos; al profesional en el campo religioso y al feligrés común, a las grandes organizaciones católicas a nivel nacional y a cada comité parroquial, a instituciones tales como universidades católicas, colegios primarios y secundarios, así como a las asociaciones de feligreses. Aunque cada persona o grupo tratará de alcanzar estas metas usando sus dones especiales, nadie estará exento de ellas.
81. Estas metas carecen de significado a menos que estén inmersas en la oración. Sin la oración, la Buena Nueva de Jesús no puede entenderse, difundirse o aceptarse. Estas metas se podrán alcanzar solamente si abrimos nuestros corazones a Dios, quien da a sus hijos todo lo que buscan,52 quien abre cuando le tocamos la puerta y quien responde cuando le pedimos con insistencia.53 En la Misa, en la Liturgia de las Horas, en los grupos de oración y en las devociones y oraciones individuales, debemos pedir incesantemente por la gracia de evangelizar. En el instante que dejemos de orar por la gracia de difundir la Buena Nueva de Jesús, en ese instante perderemos el poder de evangelizar.
82. Estas metas también se ofrecen según el ministerio de evangelización, el cual pertenece a toda la Iglesia Católica. Este plan, que es el producto de nuestra reflexión en los Estados Unidos, adapta a nuestra realidad las metas misioneras de la Iglesia de Cristo en todo el mundo. Estas son ofrecidas en unión con todos los católicos en todas partes, con sus obispos, y con el Santo Padre, el Vicario de Cristo, el obispo de Roma, la ciudad de los apóstoles Pedro y Pablo. A menos que esta evangelización se lleve a cabo dentro del contexto de la comunidad católica universal, no estará completa.54 Exhortamos este espíritu sobre nuestras hermanas y hermanos católicos.
83. Estas metas deben influenciar nuestra vida diaria, dentro del contexto familiar y del trabajo, en nuestro vecindario y asociaciones, en la forma en que vivimos. Los católicos influenciarán a las personas dentro de su vida cotidiana mucho antes de que éstas sean invitadas a una parroquia o a un evento religioso formal. Toda planificación para evangelizar tiene por intención hacer posible una forma de intercambio continuo entre los creyentes y los no creyentes, lo cual es la fuerza propulsora de la evangelización.
84. La parroquia será el lugar más indicado para alcanzar estas metas ya que la parroquia es donde la mayoría de los católicos viven la experiencia de Iglesia. A nivel local, la parroquia tiene los mismos compromisos que la Iglesia universal, ya que considera la ve-neración de la Palabra de Dios y la Eucaristía como su celebración principal. Sin lugar a dudas, la evangelización involucra a la comunidad parroquial, ya que a fin de cuentas, estamos invitando al pueblo a nuestra Eucaristía, a la mesa del Señor. Cuando una persona evangeliza a otra en forma individual, debe tener como propósito final la Buena Nueva y la mesa eucarística.
85. Estas metas suponen que el espíritu evangelizador tocará cada dimensión de la vida parroquial católica. La bienvenida, aceptación, invitación a la conversión y re-novación, reconciliación y paz, empezando con nuestra devoción, debe ser el carácter distintivo de nuestras parroquias. Cada elemento de la parroquia debe responder a ese mandato evangelizador –sacerdotes y religiosos, laicos, personal de oficina, ministros, organizaciones, clubes sociales, colegios parroquiales, y programas parroquiales de educación religiosa. De otra forma, la evangelización sería algo que muy pocas personas en la parroquia verían como su ministerio– en vez de ser la razón principal de la existencia de la parroquia y el objetivo de cada ministerio de la parroquia. El espíritu de conversión, enfatizado en la liturgia y, en forma particular, en el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos, debe irradiar a través de las acciones de todos los católicos para poder sentir el llamado a la conversión y celebrarlo como elemento de nuestra forma de vida.
86. La evangelización en la parroquia debe ser vista como una pastoral de conjunto que emana de una unión entre el clero y los laicos. Los sacerdotes tienen un rol de liderazgo especial en la ejecución de este plan, pero no deben sentirse aislados, sobrecargados o frustrados al ejecutarlo. Es más, es nuestra esperanza que un incremento en la evangelización atraiga a más individuos hacia el sacerdocio y hacia la vida religiosa. Las metas y estrategias de nuestro plan no tienen la intención de crear una carga adicional para los ya sobrecargados trabajadores pastorales, como si la evangelización fuese otro programa que tienen que sacar adelante. Más bien, deben ayudar a las parroquias a ver el potencial evangelizante de sus actividades actuales, al mismo tiempo que las motiven a desarrollar nuevas actividades a través de una energía espiritual renovada.
87. Estas metas también hacen un llamado a la consistencia: la evangelización debe afectar la actitud de nuestra vida católica en su totalidad. No podemos hacer un llamado a la renovación sólo a nivel parroquial; no podemos ser misericordiosos sólo una parte del año; no podemos dar la bienvenida sólo a algunas personas. Donde-quiera que veamos a católicos o a instituciones católicas, debemos percibir el espíritu de evangelización.
88. Finalmente, estas metas serán llevadas a cabo en medio de una cultura que hará dificil el alcanzarlas. En parte, esta dificultad se presenta como un problema de co-municación, ya que la gente puede preferir los estereotipos de la Iglesia Católica a la realidad de nuestra fe. Otra dificultad se presenta en lo social, ya que el pueblo puede percibir a la Iglesia Católica sólo como una organización de cierta clase eco-nómica o nivel educativo, y no como una comunidad acogedora y de gran diver-sidad. Asimismo, el pluralismo superficial impide la discusión seria de la fe dentro de nuestra sociedad. Pero lo más difícil de todo será lo relacionado a cuestiones morales que hacen que la Buena Nueva no sea escuchada claramente por aquellas personas cuyos valores son contrarios al Evangelio y quienes deben sufrir un cambio a fin de escuchar el mensaje de vida que proclamamos.
- Mateo 7:11.
- Mateo 7:7-8.
- La Evangelización en el Mundo Contemporáneo, Nº 60.