Vayan y Hagan Discípulos - Nuestras Metas
45. Nosotros, sus hermanos y sus obispos en la fe, proponemos tres metas como parte de este plan y estrategia para la evangelización católica en los Estados Unidos. Además nos comprometemos a trabajar por el cumplimiento de estas metas que nacen de nuestro entendimiento de la evangelización y como ésta se realiza. Ninguna de estas metas se presenta por sí sola; tomándolas juntas, ellas nos retan a la completa esfera de acción de la evangelización católica.
46. Meta I: Crear en todos los católicos tal entusiasmo por su fe que, viviendo su fe en Jesús, la compartan libremente con otros
47. Claramente, a menos que continuemos siendo evangelizados nosotros mismos y renovemos nuestro entusiasmo por nuestra fe y nuestra iglesia, no podemos evangelizar a otros. Debemos dar prioridad a la formación renovada y continua de la fe como lo esencial para profundizar nuestra relación personal con Jesús.
48. Estamos conscientes de que muchos católicos tienden a guardar su fe para sí mismos o a manifestarla solamente alrededor de otros católicos. Quizás nuestra herencia como inmigrantes y nuestra aceptación del pluralismo religioso nos vuelve tímidos para mostrar nuestra fe. Realmente, en las últimas décadas, también ha habido una disminución en la práctica de nuestra fe en público. Para muchos el fuego de la fe arde más fríamente de lo que debiera.
49. Sin embargo, no tenemos razón para ser tímidos acerca de la herencia de nuestra fe católica. Nosotros tenemos la Palabra de Dios mismo, conforme a lo revelado al pueblo judío y al testimonio de los discípulos sobre la obra de Dios en Jesús en las Sagradas Escrituras. Esta Palabra es la luz por la cual vivimos y vemos. Tenemos los sacramentos, especialmente la Eucaristía, los cuales Jesús dio a sus discípulos, me-dios de santidad y de crecimiento, de sanación y de salvación. Estos sacramentos nos unen a Dios en los momentos más conmovedores de la vida y nos trae a la uni-dad entre nosotros. Esta herencia de Palabra y sacramento ha dado luz, en cada ge-neración de nuestros veinte siglos de vida católica, a un camino de santidad, a una forma de vida profundamente moral, a una variedad de jornadas espirituales y a numerosos santos. Esto lleva a los fieles seguidores de Cristo a la vida eterna.
50. Esta herencia, nuestra Iglesia, es apostólica, viniendo en verdad del testimonio de los apóstoles, nuestra unidad intacta con el Obispo de Roma revela nuestra continuidad con la fe de Pedro y Pablo. Es
católica, porque nuestra herencia se da no sólo para nosotros sino para todos, para el mundo, como una esperanza de que la humanidad esté un día reunida en el amor. Es
santa, porque su fuente es Cristo quien es santo y quiere que todos los creyentes sean sus discípulos. Nuestra herencia es una, unificándonos en cada continente en
una comunidad porque estamos unidos en nada menos que la realidad de Jesús a través de su Espíritu.
51. Nuestro gozo en esta herencia nos llama a ofrecerla como un legado, un tesoro que Dios otorga a cada persona que, tocada por el Espíritu, comienza a responder al llamado de Dios. Los instrumentos que han sido desarrollados a través de los tiempos, y el
Catecismo de la Iglesia Católica nos ayudarán a pasar este legado a otros.
52. Esta primera meta nos llama al entusiasmo por todo lo que Dios nos ha dado en nuestra fe Católica. También fomenta la conversión continua dentro de la Iglesia Católica, que en su calidad de institución y comunidad de pueblos, conti-nuamente la necesita.
53. Meta II: Invitar a todas las personas en los Estados Unidos, sea cual fuere su condición social o cultural, a escuchar elmensaje de salvación en Jesucristo a fin de que se unan a nosotros en la plenitud de la fe católica
54. Los católicos deben continuamente compartir el Evangelio con aquellos que no tienen una comunidad de iglesia, con aquellos que han dejado de participar activamente en la Iglesia Católica, así como dar la bienvenida a aquellos que buscan la comunión total con la Iglesia Católica. La única forma en que las personas pueden sentir si se les está invitando a conocer a Jesús en nuestra Iglesia, es que se les pida de manera real y efectiva, y que se tomen las medidas para su plena participación. Queremos que nuestras hermanas y hermanos católicos les pidan en forma efectiva
y realmente los inviten.
55. Al mismo tiempo, nosotros los católicos no podemos proselitizar, o sea, manipular o presionar a nadie para que ingrese a nuestra Iglesia. Tales tácticas contradicen la Buena Nueva que anunciamos y socavan el espíritu de invitación que debe caracterizar la verdadera evangelización.
56. Meta III: Fomentar los valores del Evangelio en nuestra sociedad, promoviendo la dignidad de la persona humana, la importancia de la familia y el bien común de nuestra sociedad, para que nuestra nación continúe siendo transformada por el poder salvífico de Jesucristo
57. Cuando la historia de Jesús sea realmente nuestra historia y sintamos su fuego, cuando la Buena Nueva sea el patrón de nuestras vidas, tanto en forma individual como en familia y en el hogar, así como en la Iglesia, su influencia se sentirá mucho más allá de nuestra Iglesia. El Papa Pablo VI nos enseñó que la evangelización transforma la cultura y que el Evangelio afecta y a veces altera los "criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida" que conforman nuestro mundo cultural.
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58. No solamente debemos cada uno de nosotros vivir el Evangelio en forma personal, en la Iglesia, sino que nuestra fe debe tocar los valores de nuestro país, afirmando lo que es bueno y desafiando valientemente lo que no lo es. Los católicos celebramos la religiosidad instintiva de nuestra nación, el valor que tienen la libertad y la libertad religiosa, su apertura a nuevos inmigrantes y su idealismo inspirador. Para comenzar, si nuestra sociedad fuese menos abierta, seguramente no tendríamos la libertad de evangelizar. Por otra parte, a nuestro país se le culpa por su materialismo, sexismo, racismo, consumismo, su individualismo rampante, su ética del egoísmo y su desdén por el pobre y el débil, su desinterés por la vida humana, y su interminable búsqueda de modas pasajeras y placeres instantáneos.
59. Al contemplar tanto los ideales como las fallas de nuestra nación, los católicos necesitamos reconocer lo que nuestra fe católica, por todo lo que ha recibido de la cultura norteamericana, puede aún contribuir a nuestro país. A nivel de verdad, tenemos una enseñanza moral profunda y consistente basada en la dignidad y destino de cada persona creada por Dios. A nivel práctico, tenemos el testimonio de católicos estadounidenses que sirven a los más necesitados, en lo educativa, social, material y espiritual.
60. Esta meta exige resultados, no sólo en la forma en que evaluamos las cosas sino también en la forma en que llevamos la Buena Nueva a través de las obras de justicia, caridad y paz, la cual, por sí sola, puede dar autenticidad a nuestro mensaje. Con el Papa Juan Pablo II afirmamos que "para la Iglesia enseñar y difundir la doctrina social pertenece a su misión evangelizadora y forma parte esencial del mensaje cristiano, ya que esta doctrina expone sus consecuencias directas en la vida de la sociedad y encuadra incluso el trabajo cotidiano y las luchas por la justicia en el testimonio a Cristo Salvador".
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- La Evangelización en el Mundo Contemporáneo, Nº 19.
- En el Centenario de la "Rerum Novarum" (Centesimus Annus), Nº 5.